Lo barato cuesta caro: Dentista le deformó el caracho a más de 30 mujeres

El hecho ocurrido en Brasil, tiene en la mira a una dentista que les realizaba diversos tratamientos faciales a las chiquillas.

Dentista - Brasil

La polémica ardió en Río de Janeiro en Brasil, luego de que una dentista ofreciera diversos tratamientos faciales a sus pacientes y deformara sus rostros.

Giselle Gomes es el nombre de la odontóloga bichectomías, hilos tensores, botox, armonización orofacial, ácido hialurónico y liposucciones a precios más baratitos, según informa Globo.

Sin embargo, como dice el dicho ‘lo barato cuesta caro’ y poco a poco las chiquillas comenzaron a tener problemas en sus carachos y apuntaron directamente a la dentista.

Camilla, una de las víctimas de Gomes señaló a UOL que todavía se recupera de los tratamientos recibidos hace dos años.

«Salí de la oficina con una máscara. Estaba tan deformada que me daba vergüenza salir a la calle», aseguró.

Dentista usaba productos industriales

La investigación arrojó que la dentista ocupaba elementos no polimetilmetacrilato, el que no se recomienda para usos estéticos.

«Tenemos un informe de una víctima que se sometió al procedimiento quirúrgico cuyo producto utilizado fue el hidrogel industrial, utilizado por industrias y agricultores en la fabricación de papel, envases de alimentos, fabricación de adhesivos y otros procesos industriales», dijo la delegada del caso, Natália Patrão.

Hasta el momento hay 34 mujeres afectadas, las que han tenido deformaciones en los labios, además de hinchazón y dolores.

Por su parte, la representante de Gomes, afirma que «pocos pacientes tuvieron alguna complicación en un universo de casi dos mil procedimientos», además de que «los productos utilizados fueron informados a los pacientes».

En tanto, en Instagram, existe una cuenta que reporta los distintos casos de personas que han sido víctimas de estos productos.

Tenía el ‘don de la palabra’

Las víctimas afirman que la dentista poseía un gran poder de la palabra, ya que pese a que las chiquillas asistían a procedimientos específicos, Gomes las incentivaba a realizar los tratamientos.

«Al principio, ella es cariñosa, comprende el problema de la otra persona. Luego, realiza el procedimiento. Cuando la persona regresa para una revisión y se queja de algo, se convierte en una persona grosera, arrogante y burlona», dijo Andréa Paes, abogada defensora de 25 de las pacientes afectadas.