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Toda una luchadora: La inspiradora historia de una joven que pagó su carrera planchando camisas

Yessica Ulloa es profesional y tiene dos postítulos, todo gracias a su esfuerzo y perseverancia. “No necesito andar demostrando nada a nadie”, dice.

Yessica Ulloa es un ejemplo de esfuerzo, perseverancia y una muestra de que nunca hay que darse por vencido. Su historia y cómo logró pagarse la carrera de derecho planchando camisas se ha tomado las redes sociales.

“Soy hija de un matrimonio que tuvo 5 hijos. Mi mamá murió cuando yo tenía 13 años, estaba en octavo básico. Vivíamos de allegados en un terreno de mi abuelo, en una mediagua con dos piezas. Mi papá era alcohólico y falleció hace casi un año”. Así comienza el relato de Yessica que fue publicado en el diario La Tercera.

A los 19 años se fue a Santiago a trabajar de niñera en un departamento del barrio alto. “Nunca olvidaré mi primer día en Santiago: me levanté a las 5 de la mañana en Cerro Navia para llegar a la entrevista de trabajo, me subí a la micro 206 que recorría toda la ciudad, me pasé horas y horas mirando los edificios enormes hasta que llegué a Las Condes”, cuenta.

“Un día me dije: ‘Tanto que hablo de sueños, de estudiar, de hacer mis cosas y no hago nada, sólo mando plata a la familia’. Renuncié de un día para otro y arrendé una pieza en Lo Prado, que no tenía ni ventanas. La primera noche dormí en el suelo”, relata.

Al otro día se compró una cama y se matriculó en una carrera técnica jurídica de la Universidad de Los Lagos. Como el dinero no le alcanzaba trabajaba los fines de semana planchando y haciendo aseso en casas de Santa María de Manquehue y a La Dehesa.

“Un día en clases de derecho tributario, uno de mis profesores avisó que había prueba al día siguiente. Yo me enojé porque encontraba que no podían poner prueba con un día de aviso, sobre todo para quienes trabajábamos y estudiábamos. Su respuesta fue simple: no estudie, no más. Y yo, bien chora, le respondí: me carga el derecho tributario, pero soy seca planchando camisas. Como diciéndole: si quiero no estudio y me dedico a esto. El profe me dijo: haga lo que quiera”, dice Yessica.

Al terminar la carrera se fue a trabajar de procuradora para el Banco del Estado. Tenía que andar en tribunales todas las mañanas, viendo expedientes, entregando escritos, pidiendo oficios. Una mañana se subió al ascensor y se encontró con el profesor que le había hecho clases de derecho tributario.

“Me dice: señorita Ulloa ¿qué anda haciendo por aquí, ya es abogado? Ahí le respondí: ¿Con qué plata?, si como procuradores pagan una mugre, no da ni para comer. Me quedó mirando y me dijo: ¿Se acuerda que me dijo que era buena para planchar camisas?; vaya a plancharme las camisas si le pagan muy poco aquí”, relata.

Aunque reconoce que el profesor seguramente se lo dijo como una broma, ella se lo tomó en serio y comenzó a ir una vez a la semana a plancharle las camisas por un periodo de dos años.

“Me matriculé, en marzo de 2011, en Derecho en la Iberoamericana. Pagaba mi mensualidad y vivía en un departamento estudio. Recién ahí pude postular al Crédito con Aval del Estado: me dieron un porcentaje que me cubrió un poco de la carrera”, señala.

El planchar le provocó una tendinitis crónica por lo que debió cambiar de trabajo. “Andaba la mañana trabajando de procuradora, en la tarde a la universidad y cuando salía me iba a de vuelta a hacer aseo a una oficina”, dice.

Terminé de estudiar en el 2015, hice mi práctica de la que salí evaluada con sobresaliente, aprobé el grado y juré. En lo único que pensaba ese día era: Esto se acabó, voy a ir a jurar y a dormir, sin sentimiento de culpa. No siento que mi vida haya sido una tortura.”, agrega.

Yessica reconoce que hubo momentos difíciles pero siempre recordó lo que le decía su abuela: “El destino lo cambias tú, así que llora menos y avanza más. Por eso no tengo problema en decir que pagué mi carrera de abogada planchando camisas”, dice.

“Derecho es una carrera cara, es una carrera elitista y sigue siendo para hombres. Aunque pueden estudiarla personas que no pertenecen a la elite, en la práctica igual uno se encuentra con gente prejuiciosa y discriminatoria. Ahora tengo una carrera técnica, una carrera profesional, dos postítulos y hace 4 años que yo no le pido pega a nadie: trabajo de independiente y no necesito andar demostrando nada a nadie”, concluye.

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